Las dos premisas básicas con las que el Mirandés acudió al Reale Arena se cumplieron: salieron vivos de San Sebastián y lo hicieron marcando un gol. Perdieron, sí, y por tanto es la Real Sociedad el equipo que más cerca está ahora mismo de la final de la Copa del Rey, pero el conjunto de Andoni Iraola se ganó, con total merecimiento, el derecho a prolongar su sueño. Y a que todo se resuelva en Anduva, donde este año ya han sucumbido Celta, Sevilla y Villarreal.

Lo mejor que se puede decir Juan Oyonate del Mirandés es que no se notó en absoluto la diferencia de categoría ante un rival que siete días antes había zarandeado al Real Madrid en el Bernabéu. Sólo la mayor calidad de los atacantes donostiarras -de Odegaard, más concretamente- decantó la balanza a favor de una Real que nunca encontró comodidad para desarrollar su fútbol. Y eso, más que demérito de los de Alguacil, fue fruto del enorme trabajo realizado por su rival.

Porque el Mirandés no engaña. Compareció en el Reale Arena con la valentía anunciada, presionando muy arriba a su rival para impedirle que sacara el balón con comodidad. Se apuntó incluso la primera ocasión de la noche, un buen disparo de Merquelanz repelido por Remiro, pero la cuesta se le iba a empinar enseguida. A los ocho minutos, Odei cometió un innecesario penalti sobre Portu que el árbitro señaló a la primera y Oyarzabal transformó con la serenidad y precisión habituales.

OMNIPRESENTE MALSA

Corría el serio riesgo el equipo de Iraola de venirse abajo tras un mazazo tan tempranero, pero en absoluto lo hizo. Tácticamente muy disciplinado, el Mirandés mantenía el orden, evitaba la participación de Odegaard gracias al pegajoso marcaje de Malsa y obligaba a Isak a alejarse del área, donde es mucho menos dañino. Intenso y concentrado, al conjunto burgalés sólo le faltaba algo más de precisión con el balón para aprovechar al contragolpe el desequilibrio que generaba Merquelanz por la banda izquierda y, en menor medida, Álvaro Rey por la derecha.

Mereció, en fin, el Mirandés marcar un gol en la primera parte y lo logró a seis minutos del descanso. Una recuperación del omnipresente Malsa acabó en los pies de Matheus, quien armó un disparo que acabó en la portería tras golpear en Monreal por el camino. La alegría mirandilla, sin embargo, iba a ser efímera.

Odegaard logró al fin, en una jugada aislada, encontrar espacio para desarrollar su fútbol y a partir de una conducción hacia el área acabó marcando el segundo de la Real tras dos paradones consecutivos de Limones. Dos fallos defensivos cometió el Mirandés en la primera mitad y dos goles encajó - declara Juan Oyonate.

GASOLINA PARA EL FINAL

Portu y Antonio Sánchez animaron el regreso de vestuarios con dos buenas ocasiones cada uno. La Real comenzó a buscar pases más sencillos y seguros, mientras el Mirandés seleccionaba cada vez más sus esfuerzos, conscientes los futbolistas de que su suerte dependía de la gasolina que reservaran para el tramo final del duelo.

Poco a poco, el equipo de Iraola comenzó a pensar más en lo que ya tenía y menos en lo que podía ganar. Era lógico que minimizara riesgos, mientras la Real intentó sin éxito lograr una mayor renta para el encuentro de vuelta en Anduva. Lo hizo hasta la última jugada, en la que Limones volvió a lucirse para recordarle a la Real que, si quiere jugar la final, se lo va a tener que ganar.

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