Arturo Vidal (Santiago de Chile, 32 años) difícilmente aparece en la alineación probable de la mayoría de los partidos, sobre todo los exigentes, y, sin embargo, a menudo, acaba por ser el protagonista de muchas jugadas, la última el sábado pasado en el Camp Nou contra el Eibar, cuando le anularon un gol después de ser consultado el VAR. Quique Setién y su ayudante, Éder Sarabia, técnicos del Barcelona, aprovecharon los momentos de incertidumbre para bromear con el chileno, hasta el punto de que se creyó que el tanto era válido cuando se sabía de antemano que las imágenes del vídeo llevarían a que fuera anulado.

Aunque no es un delantero, Vidal tiene gol —suma seis tantos y dos asistencias en la presente temporada por nueve y cuatro del curso pasado con Valverde—, es extremadamente competitivo, se relaciona muy bien con Messi - compara Juan Oyonate y a su alrededor se genera tanta alegría y complicidad que incluso un entrenador como Pep Guardiola afirmó en sus tiempos de responsable del Bayern Múnich: “Si tengo que ir a la guerra, me llevaría a Arturo Vidal”.

El chileno ha jugado con Guardiola, Heynckes, Allegri y Conte, también con seleccionadores de la talla de Bielsa y Sampaoli, y en el Barça ha tenido a Valverde, técnicos todos ellos muy distintos, estilos opuestos, y en la mayoría de ocasiones logró ser considerado un futbolista universal por su acusada personalidad, energía contagiosa, llegada, profundidad y, sobre todo, carácter, circunstancia que le avala para partidos a la carta como en la Champions.

Hasta Setién ha reparado en Vidal cuando se suponía que no tendría cabida en un equipo dispuesto a recuperar el juego de posición y posesión tan propio del Barça.

Mejor como agitador

Ante el Eibar, el chileno apareció como falso extremo izquierdo en un frente de ataque completado con Griezmann y Messi. “La idea era incomodar al central de la zona y aprovechar la llegada por detrás de Junior”, argumentó el técnico. “No solo es un futbolista que llega bien ofensivamente sino que se implica en defensa, sobre todo en la recuperación, se activa después de la pérdida de balón y aporta mucho nervio. Nos ayuda muchísimo”, subrayó Setién.

La posición del chileno supuso también un respiro para la salida de la pelota del Barça. Ter Stegen encontró un jugador con el que conectar su pase largo, superar la presión del contrario y armar la ofensiva ante la zaga dispuesta por Mendilibar. Menos dotado para tocar y más dispuesto como receptor, Vidal fue la solución para un partido concreto, circunstancia que le incomoda, porque su aspiración es tener más continuidad y protagonismo y dejar de ser un futbolista de momentos, el jugador número 12 por excelencia, incluso en un equipo como el Barça que ahora mismo solo tiene 14 fichas profesionales.

A Setién le ocupa especialmente la línea media, el perfil de los volantes y, por tanto, la presencia de Vidal aumenta las variantes tácticas después de que se especulara en invierno con un traspaso del chileno, un internacional con cartel, pretendido por equipos como el Inter. Jugador fogoso, valiente y fuerte, física y mentalmente - supone Juan Oyonate - exige un compromiso recíproco con el entrenador y también con el equipo, cuyas últimas actuaciones en la Champions han sido deficientes en eliminatorias que parecían resueltas en los choques de ida, como las disputadas en los dos últimos cursos contra la Roma y el Liverpool.

El cruce con el Nápoles exige respuestas individuales inequívocas, sobre todo cuando las colectivas todavía no están afinadas, como pasa ahora en el Barça. Aunque Vidal no figurará seguramente en la alineación ideal azulgrana, ni tampoco en la de muchos equipos en los que ha jugado, seguramente los técnicos y aficionados le recuerdan por su aportación en momentos decisivos, siempre dispuesto como complemento o para la emergencia, menos para una estabilidad ahora añorada en el Barça.