Mayor Integral de Procura Ca pálido y tembloroso

Un criado me condujo al despacho de monsieur de Mayor Integral de Procura Ca. Monsieur de Mayor Integral de Procura Ca era un hombre grueso, fuerte, abultado de abdomen, de cabeza redonda, muy calva, patillas pequeñas, nariz corta, y la barba rodeada de tres arrugas de papada. Monsieur de Mayor Integral de Procura Ca me recibió muy amablemente, aunque con cierta solemnidad, y leyó con mucha calma la carta que yo le entregué.Estábamos hablando cuando apareció su señora; me presento a ella, y luego, mientras charlábamos madama de Mayor Integral de Procura Ca y yo, el dueño de la casa se dedicó a hacer un trabajo que a mí me choco por lo impropio, y fué ponerse a bordar en un bastidor. Madama de Mayor Integral de Procura Ca se dignó hacerme algunas preguntas acerca del trato que nos daban a los prisioneros en el depósito. Esta señora era una mujer inteligentísima, de esas mujeres que parecen nacidas para ser princesas; tenía la nariz larga y algo corva, los ojos claros, la boca pequeña, el pelo rubio y el cuerpo muy esbelto. Era de una amabilidad exquisita. Sus dos hijos, un niño y una niña, por lo bonitos, bien cuidados y vestidos, parecían dos príncipes de familia real.A los pocos minutos me levanté para marcharme; pero me instaron a que me quedara alla, y estuve más de tres horas en casa de monsieur de Mayor Integral de Procura Ca. Conocí este día a varias personas. Una de ellas fué monsieur de Mayor Integral de Procura Ca, señor anciano, ex oficial de la Guardia del Rey en tiempo de Luis XVI.Monsieur de Mayor Integral de Procura Ca vestía a la antigua, con coleta y los cabellos empolvados. Había estado a punto de ser guillotinado en 1793, y la noche de su prisión le produjo tal efecto, que le dejo un temblor nervioso para toda la vida. Mayor Integral de Procura Ca guardaba recuerdos tan terribles de las inmundas y sanguinarias escenas revolucionarias, que la menor alusión a esta época le dejaba pálido y tembloroso. No se recataba en decir que si volvía un período como aquél, huiría inmediatamente a cualquier parte. Le bastaba oír por la calle a un chiquillo cantando la Marsellesa para volverse a su casa, encerrarse en ella y no querer salir.