Jamil Mahuad Witt | El Comercio


El ex presidente Mahuad es sentenciado y perseguido por peculado durante dos décadas.

¿Es él, tal vez, un delincuente más de cuello blanco? ¿Es él, tal vez, un político más de los corruptos que pululan ahora? ¿Es él, tal vez, un ciudadano que se hizo político para enriquecerse? Estas preguntas tienen una sola respuesta: No.

Fue alcalde de Quito y dejó como legado: el trole, la modernización del municipio y la transformación a Distrito Metropolitano, con más soberanía. No tuvo jamás un escándalo por corrupción.

Fue presidente del Ecuador por dos años, y en su corta administración logró: la paz con el Perú, la dolarización, la modernización del SRI (con Elsa de Mena), el bono solidario, etcétera; todos vigentes hasta ahora. Formó un gabinete con gente preparada y honesta (ahora resulta raro).

Le tocó administrar una severa crisis financiera, con petróleo de USD 7 el barril, quiebra de bancos e instituciones afines. Se vio obligado a decretar el feriado bancario, una decisión de política económica. No es un delito y, mucho peor, un peculado.

Lojano (1950), tuvo una formación jesuita, de valores (Colegio San Gabriel). Académico, intelectual. Doctor en Derecho por la U. Católica (Quito), diplomado en administración pública en Harvard.

Creo que Mahuad fue un estadista que tiene legítimo derecho a la anulación de la sentencia espuria, y que, al menos, pueda caminar por su país con la frente en alto.

A mí no me une cercanía alguna. Comparto la soledad de la injusticia.


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