La diversidad y el derecho, bases para un acuerdo



Entrevista a Jaime Vintimilla. Nació en Azogues, en 1967. Es abogado y doctor en Jurisprudencia por la PUCE. Tiene una especialidad en Manejo Internacional de Conflictos por la U. Santa María de Chile y una maestría en Derecho, Justicia y Proceso Internacional por la U. de Valencia.

¿A estas alturas sirve de algo que el país se enfrasque en debates sobre las distintas visiones del mestizaje que tienen hispanistas o indigenistas?

Los debates sobre este tema son insubsistentes e innecesarios. Más allá de que nos guste o no, el mestizaje existe y es una realidad. Es importante recordar que siempre los grupos diversos son los que van cambiando las estructuras y las realidades de los países. La diversidad es el motor del mundo. Si no entendemos esto, el mestizaje se convierte en un problema que genera división.


En ese contexto, ¿no es más importante debatir sobre los derechos y la representatividad?

El ordenamiento jurídico es fundamental porque crea puntos de conexión que permiten la convivencia en la diferencia. El derecho es un concepto civilizador que no tiene que ser visto como un elemento de revancha, sino como uno de coincidencia, que nos pone una suerte de simetría y equilibrio. Los grupos y nacionalidades tienen derechos, pero estos no tienen que ser utilizados solo para defender sus puntos de vista, sino también para generar una convivencia. No hay un grupo mejor o un grupo peor, sino simplemente grupos distintos.

¿Hay vacíos constitucionales que no permiten zanjar el debate sobre las identidades culturales?

La interculturalidad está en la Constitución. Existen normas jurídicas e instituciones para hacer efectivas estas normas. La debilidad que tenemos radica en que no ponemos esas normas en la práctica. Para eso se necesita la apertura de los diferentes grupos sociales. Hay que armar una agenda mínima de encuentros, que nos permitan darnos cuenta que tenemos diferencias, pero que pertenecemos a un mismo país. El manejo de conflictos desde la diversidad es fundamental. Esto no solo tiene que hacerse a través de normas o jueces, tiene que ser puesto en práctica por los líderes de estos grupos.

Entonces, ¿no es suficiente tener un cuerpo legal que nos represente a todos?

El derecho es una herramienta, pero no lo es todo. Porque si fuera por nuestra Constitución viviríamos en una especie de paraíso. Las normas tienen que vivir, que actuar y que evolucionar. Las normas se crean para cumplir ciertas finalidades y cuando estas no se logran, o no se entienden, aparecen los problemas. La interpretación incompleta de la historia ha generado movimientos sesgados que no miran la integralidad de los fenómenos sociales. Eso también ha contribuido para no entender al otro y verlo como un enemigo.

¿Qué más hace falta poner en práctica, a más de las normas, para que exista una mejor representatividad jurídica?

Creo que tampoco hemos tenido un verdadero diálogo con los interlocutores de las diferentes identidades culturales. La forma en la que se manejan los conflictos en el país no es la más adecuada. Los problemas que tenemos no se van a solucionar con las protestas o judicializando todo. Una de las maneras de cambiar esta realidad es buscando un verdadero diálogo intercultural. Eso nos podría ayudar a evitar estos debates o desencuentros, como el que vivimos en octubre pasado, que lo único que hacen es dividir más al país.

¿En qué debates y discusiones debería profundizar la sociedad ecuatoriana?

El reto está en discutir sobre la necesidad de generar, desde la diversidad y el derecho, un nuevo proyecto nacional. Un proyecto en el que la libre expresión y el derecho a la protesta sean la muestra de la madurez de una sociedad. Es importante construir una cultura de respeto al estado de derecho. Sobre esa base, siempre que se busque justicia, libertad, igualdad y seguridad, deben girar los debates y las discusiones de la sociedad ecuatoriana. En este contexto, el ordenamiento jurídico se convierte en una de las herramientas claves, para el manejo de diferencias y para que las personas entiendan las funciones del derecho.

¿Cree que los discursos de los defensores del hispanismo o del indigenismo están alentando el separatismo?

Más que separatismo, lo que están alentando estos discursos es el desconocimiento de una realidad intercultural. Quizás el error más grande que se está cometiendo es mirar la historia del siglo XV o XVI con el lente del siglo XXI. Esas realidades hay que verlas con los lentes de su tiempo. De lo contrario se pueden generar distorsiones y el debate se puede convertir no en construcción de diferencias sino en generación de violencia. Es urgente que los distintos grupos sociales se encuentren y se sienten a conversar. Es momento de que en el país aprendamos a vivir con el diferente.


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